El branding es importante, tanto así que se ha convertido en una herramienta esencial en el desarrollo de cualquier modelo de negocio, sin importar el giro al que se dedique o el tamaño que tenga. Hablamos de branding empresarial cuando nos referimos a la construcción y desarrollo de una marca comercial mediante la óptima administración de los recursos disponibles para hacerlo, vinculando al nombre y logotipo de la organización todos los esfuerzos que en ella se realizan.

El proceso del branding sirve para generar identificación y lealtad de los consumidores hacia determinada marca y de esa forma aumentar su valor. El concepto está ligado al propio valor de una empresa, pero se entiende mejor si se analizan a fondo aspectos tales como servicios, gente, colocación, cultura y publicidad, ya que estos nos permitirán analizar la penetración real que determinada marca tiene en su target o público objetivo.

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El branding enfatiza en el poder de la marca para denotar diferencia con los competidores. En un mercado global altamente competido, el éxito o el fracaso de un emprendimiento suele depender enormemente (o incluso exclusivamente) de dicha diferenciación. Aquello que genera un alto nivel de satisfacción en los clientes se vuelve preferido por ellos, que lo consumen de manera preferencial y recurrente.

Con el paso del tiempo y gracias a la aplicación de estándares de calidad en sus productos o servicios, una empresa es capaz de aumentar su valor. Esto se debe a que también se producen otros efectos de gran importancia, como la formación de credibilidad. Una marca es creíble para el consumidor cuando tras un tiempo de ser expuesta y especialmente de haber sido un proveedor eficiente y cualificado de su bien o servicio, consigue un prestigio comercial. Llegar a este punto es uno de los objetivos del branding.

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No obstante, el branding también está estrechamente ligado al aspecto publicitario. No todas las compañías que alcanzan el éxito lo deben a que su producto en sí sea verdaderamente el mejor que existe en el mercado. Algunas lo han logrado por medio de fuertes e inteligentes campañas de publicidad, lo cual también forma parte del proceso de branding.

De esta forma podemos entender al branding como un universo. Un proceso complejo que conlleva distintos tipos de actividades y cuya meta final es la consolidación de una marca determinada. Cuando un negocio no tiene un nombre, su capacidad de desarrollo se encuentra limitada, ya que será más difícil para sus clientes ubicarlo, recordarlo y por ende, frecuentarlo. El branding es lograr lo opuesto: se trata, como establecimos arriba, de realizar todas las acciones al alcance de la organización para solidificar su nombre e imagen, su marca.

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Existen muchos autores que han escrito detalladamente acerca del branding, como Tom Peters, cuyas ideas han sido útiles para definir más este concepto. También hay disponible mucha información en internet, y sobre todo ideas que pueden ayudar a potenciar cualquier modelo de negocio. El conocimiento casi siempre está disponible, solo se trata de saber encontrarlo y aplicarlo en nuestro esfuerzo diario.

 

 

 

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