Las cruces quemadas, mejor conocidas como cruces llameantes o cruces en llamas, son famosas por ser parte de la simbología del Ku Klux Klan. Sin embargo, es importante señalar que ellos no inventaron el símbolo, sino que se trata de una antigua costumbre bélica escandinava. Se tiene una buena y mucho más antigua referencia a  ella en la obra del escritor británico Sir Walter Scott, que la describe en un poema épico llamado La Dama del Lago. En él,  Scott refiere:

“Cuando un jefe quería reunir a su tribu en un inminente peligro, mataba una cabra, y cortando una cruz de madera encendía los extremos de ella para apagarlos en la sangre de aquel animal: esto es lo que llamaba la cruz de fuego y también Cran-Tarigh, o cruz de la venganza”.

“A la vista de la cruz de fuego jóvenes y viejos desde la edad de quince años hasta la de sesenta estaban obligados a concurrir armados al sitio de la costa, y el que faltaba sufría el suplicio de hierro y fuego que le imponían los signos emblemáticos de la cruz”.

Y más tarde, apunta:

“La cruz de fuego es una costumbre general de los montañeses y los antiguos escandinavos, como se puede ver en la historia de los godos por Olao Magno”.

La obra de Scott fue muy popular entre la población asentada en el sur de los Estados Unidos, parte de la cual provenía de Escocia e Irlanda. El Ku Klux Klan original, que existió de 1886 a 1870, no utilizaba las cruces quemadas, sin embargo en la novela propagandística pro KKK “The Clansman” de Thomas Dixon, se menciona que lo hacían. Esta novela fue en la que se basó DW Griffith para su famosa película supremacista “El nacimiento de una nación”.

De 1915 a 1944 tuvo lugar el “segundo” KKK, fundado por William J. Simmons, quien en 1915, en Georgia, implementó ya formalmente estas cruces como un símbolo del clan.

 

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