La genialidad y la inteligencia emocional son dos conceptos que cada vez adquieren más fuerza cuando se habla de rendimiento, desempeño y consecución de objetivos, tanto dentro como fuera del trabajo. Pero es precisamente en este último campo de nuestra vida donde estos dos elementos suelen ser vitales para lograr el desarrollo que uno desea.

Todos sabemos que para triunfar en el ámbito laboral se requiere de conocimiento, experiencia, capacidad y, por supuesto, actitud. La genialidad es la mezcla de todo eso, tal como la define Blanca Sierra, magister en Coaching Ontológico y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana. La gente que aspira a ser realmente genial en lo que hace tiene que ser reflexiva, pero también espontánea y al mismo tiempo curiosa, con el fin de estar siempre abierta a adquirir nuevos conocimientos.

A pesar de que muchos de los conocimientos y habilidades, así como la misma personalidad del individuo, se desarrollan desde mucho antes, alrededor de los 40 años es todavía viable y de hecho frecuente descubrir que tenemos capacidades que no habíamos explorado. En esta etapa de la vida todavía podemos decidir aventurarnos en conocimientos que quizá hasta ese momento nunca habíamos pensado en adquirir. Lo más interesante de ello es que no solamente descubriremos nuevos intereses sino también habilidades que posiblemente no teníamos idea de poder desarrollar.

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La inteligencia emocional, un concepto útil en todo momento

La inteligencia emocional implica conocer, dominar y analizar los sentimientos y aplicar ese conocimiento y habilidad para fines concretos. Específicamente hablando del entorno laboral, conocer y dominar los sentimientos propios y también los de otros permite interesantes aplicaciones. Las más habituales: la motivación de equipos de trabajo y la mejora del ambiente de desenvolvimiento, lo cual repercute en la mejoría general del entorno y sus resultados.

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Entre todo lo que se requiere para utilizar la inteligencia emocional, la empatía es uno de los elementos más importantes, si no es que el más. El poder entender cómo se siente el otro y compartir su alegría, estrés o aflicción puede ser la clave para conseguir la compenetración que muchas veces la vida laboral requiere.

La persona que logra manejar de manera correcta los sentimientos y canalizarlos, se denomina persona emocionalmente inteligente, ya que sabrá sacar el máximo provecho al potencial de las personas con las que se desenvuelve en el trabajo.

Puede decirse que la inteligencia emocional es una herramienta con la que las personas pueden acercarse cada vez más a alcanzar la ansiada genialidad. De esta manera ambos conceptos están ampliamente ligados, ya que utilizando correctamente los sentimientos y, sobre todo, dominándolos, es posible optimizar la manera en la que se interactúa con otras personas y al mismo tiempo hacerlos sentir motivados. Todo esto genera un círculo virtuoso, ya que los resultados del trabajo mejorarán rápidamente por consecuencia de este tipo de estrategia y eso se traducirá en un menor nivel de estrés y por ende en un ambiente más óptimo para seguir aplicando la estrategia. Y también existen múltiples maneras de usar el concepto en el entorno familiar o incluso con los amigos, lo que también puede coadyuvar a que nuestra vida en general sea mejor.

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La genialidad no es fácil de alcanzar para ninguna persona, ya que todo es parte de un largo proceso, pero a pesar de la dificultad se trata de una meta perfectamente alcanzable.

 

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