Aunque puede pensarse que la tradición vaticana de utilizar nombre papal, es decir, de que los Papas de Roma utilicen un nombre distinto al de pila durante su papado, siempre ha estado ahí, la realidad es que no es así, ya que esta costumbre surgió en el siglo VI. En el año 533 el Papa Mercurio consideró que era inadecuado que el jerarca de la Iglesia llevara el nombre de una deidad romana pagana (Mercurio, dios análogo del Hermes griego). Así, el Pontífice adoptó el nombre papal de Juan II, rindiendo a su vez homenaje a su predecesor, Juan I.

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Es posible que la decisión de Juan II influyera para que muchos religiosos comenzaran a cambiar sus nombres de pila originales, en especial cuando provenían de tierras lejanas. En el año 1555, Marcelo II (Marcello Cevini de Spanoche, el Papa número 222) fue el último Pontífice de la Iglesia Católica en utilizar su verdadero nombre durante el desempeño de su cargo.

¿Cómo se elige el nombre papal?

A libre albedrío de los propios Papas, quienes deciden por sí mismos el nombre con el que se les conocerá durante su gestión al frente de la Iglesia. Normalmente utilizan el de Papas del pasado o el de algún santo, o el de una o más personas buscando indicar afinidad con ellas. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo I eligió su nombre papal en base al de sus dos predecesores: Juan XXIII y Pablo VI.  Esto le convirtió en el primer Papa en utilizar un nombre papal compuesto, y también en el primero en más de 1000 años en utilizar un nombre que no había sido usado antes. Tras su muerte un mes después de haber sido elegido, su sucesor Karol Wojtyla decidió llamarse Juan Pablo II en su honor.

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